26 sept. 2015

Jornada de Reflexión

No soy muy de meterme en temas políticos porque no me gusta pronunciarme, y mucho menos en mi blog donde normalmente comento simplemente temas mundanos.
Pero hoy haré una excepción.

Este texto está escrito en castellano, porque es la lengua en la que me he expresado toda la vida. Soy hija de andaluces y por tanto, es la lengua que se ha hablado siempre en casa y con la que me expreso más cómodamente. De hecho, mis amigos saben que me cuesta un poquito hablar catalán de forma totalmente perfecta y que algunas veces cometo errores.

No me suele gustar la música en catalán y normalmente leo libros en castellano o inglés.

En mi casa nunca se ha visto TV3 más allá del Club Super 3. 
De hecho, mis padres se sienten Españoles pero estimen Cataluña y no creen en un futuro como dos países independientes.

Fui a un colegio religioso donde estudié en catalán y en castellano a partes iguales.

Todo apunta a que debería ser una ciudadana orgullosa de ser española y por tanto más en contra que a favor de una posible secesión catalana. Pero no es así.
Hoy no voy a hablar de partidos políticos, entradas y salidas de la UE, corrupción o posibles cifras. Siempre he creído que uno acaba barriendo para su casa y que por tanto, siempre habrá motivos favorables que apoyen tus creencias y éstos serán precisamente los que decidas sostener.

Hoy voy a hablar de algo igual de importante: El sentimiento de pertenencia.

Veréis, yo tenía unos 8 o 9 años cuando mis padres decidieron llevarme a Madrid a conocer la capital. La verdad es que me encantó porque es una ciudad preciosa y con mil museos y cosas interesantes que visitar. De hecho, no me importaría para nada vivir allí una temporada. 

El caso es que al entrar en la Catedral de la Almudena, un vagabundo nos escuchó hablar en castellano y supongo que dedujo que éramos catalanes por la forma en la que pronunciamos algunas palabras. Su reacción fue decir: “Putos catalanes de mierda”, a lo que nosotros ni siquiera dimos una contestación. 

Siendo muy joven ya tuve que enfrentarme a tal desmerecido desprecio. Total, éramos una familia de turistas que nos íbamos a dejar dinero en la ciudad, cosa que no podía ser más que favorable para cualquier residente en Madrid. 

Muy a mi pesar no sería ni la primera ni la última vez en la que alguien de Cataluña es ofendido por el simple hecho de ser catalán.

A lo largo de estos años he escuchado de todo. Que si alguien vino a Barcelona y no pudo coger un taxi porque el conductor le dijo que si no hablaba en catalán no lo llevaba a ninguna parte*, que si en el colegio nos obligan a hablar en catalán y si no lo entiendes nadie te lo explica en castellano, y un largo etcétera de burradas y más burradas. 

También he sido testigo de como otros españoles se alegraban de las desventuras o desdichas que han podido ocurrir en Cataluña, como accidentes de avión, incendios, etc.

Del mismo modo, sé a ciencia cierta que también hay catalanes que por incultura (odio sin motivo) o reciprocidad están en contra del estado español y sus habitantes.

Y mi pregunta es, ¿Que necesidad tenemos de convivir con semejante odio entre nosotros? ¿Solo por un tema puramente económico? ¿Por qué no entonces, convertir Europa en un solo país?

Ha llegado el momento de darnos cuenta de nuestras diferencias. Como en una pareja, hay ocasiones en las que simplemente, la relación no funciona. 

Alemania y Francia (por poner un ejemplo) no se fusionan como un único país porque simplemente son dos estados muy diferentes a distintos niveles. Pero esto no implica dejar de lado una colaboración económica en determinados aspectos. 

De este modo, se podría contemplar la posibilidad de una Cataluña fuera del estado español. 
Un país que regulara sus propios recursos y no dependiera de un organismo superior, mas que de las entidades Europeas. Un país que, al mismo tiempo, se beneficiara de los acuerdos con los diferentes países de la unión con tal de potenciar el crecimiento económico de todos sus integrantes. 

No me imagino una España con las fronteras cerradas a Cataluña. No me imagino una Cataluña hostil con los productos Españoles más de lo que podría serlo con productos provenientes de otro país europeo**

Seamos inteligentes y colaboremos.

Es momento de dejarnos decidir nuestro futuro, en lugar de censurarnos e intentar instaurar una política del miedo.

Seamos democráticos. 

Pero sobre todo, sobre todo, respetémonos los unos a los otros.


Dejad que me sienta catalana sin llamarme nazi, desagradecida o adoctrinada.

Dejadme ser lo que yo quiera.

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Notas: 

*: Es altamente improbable que en Barcelona no puedas coger un taxi por no hablar catalán. Mas que nada porque la mayoría de taxistas son de procedencia India o Pakistani (como en muchas ciudades españolas) y ni siquiera ellos hablan la lengua. Me matáis. 


**: No me imagino una España sin fuet o sobrasada de Ses Illes, ni una Cataluña sin jamón que acompañar al Pà amb tomàquet. Ante todo, por favor no me quitéis la morcilla que me hace muy feliz.

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